Graffiti en Bricklane, 12 de Febrero de 2014, 22:37:29 GMT
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“It is the wind,” said Matilda, “whistling through the battlements in the tower above: you have heard it a thousand times.”

-Horace Walpole, The Castle of Otranto, 1901

¿Dónde se encuentra el tiempo? Han sido días de tormenta. Inundaciones en Somerset, cualquiera viviendo cerca de un río o del mar está en peligro. Hay quien lo ha perdido todo. Qué cosa que en español el clima y el tiempo sean la misma palabra. What time do you make it?, eso nunca te lo enseñan en la escuela cuando tomas inglés. Así piden algunos la hora. La sonrisa del Támesis es una mueca.

Seguimos en la temporada de whisky, como diría el primo, al menos climatológicamente, porque desde el año pasado no compramos un single malt y en el pub más bien se me antoja la London porter que tienen. A 6.5% es pesada y dos pintas es lo máximo que dura mi sobriedad. Dicen que había una brewery en los 1800s en la esquina de Oxford Street y Tottenham Court Road. Hacían porter, que era lo que más se bebía. Uno de los barriles gigantescos explotó, causando un efecto en cadena. Las calles aledañas a St Giles se inundaron de cerveza negra, las olas llegaron, dicen, a los quince metros. Hugo ahogados. Se dice que hubo quienes se intentaron beber la inundación.

Ahora el sol ha salido después de la lluvia y el viento incesantes de ayer. El viento aullaba como en las películas. Acá las películas es la realidad. Digamos.

Días de despertar a las 5 de la mañana para trabajar. Para las 8AM ya he avanzado lo suficiente para tranquilizar la ansiedad. Días de sentirse sonámbulo, sólo comparable con los días de juventud en que no se dormía ni de noche ni de día. Al fin, al llegar el fin de semana, la sensación de que se hizo lo que se tenía que hacer. Cosa rara.

Estoy consciente de la falta de valor de estas palabras. No importa. Ayer de Veracruz me llegan noticias que han visto copias de mi libro. 50 pesos cada uno. Con eso uno se compra un café acá. Nada vale nada. Entonces, encontrar el tiempo, para escribir sobre otra cosa. Lo que sea. Dejar que los dedos y no la mente hagan el dictado. El estilo como artificio es un don de los elegidos. Los demás tecleamos como podemos, imaginando sonidos que quizá sólo en nuestra cabeza significan algo.

Una antología de poemas zen. Su Dongpo (1037-1101) tiene uno que se llama “Days of Rain; the Rivers Have Overflown” (un Burton Watson tradujo) y me lo encuentro por accidente, estos días de tormenta casi permanente. “Even if it clears I have no place to go”, escribió.