Ebriedad y Cruda son hermanas.
En general son veneradas en casi todos los países,
incluso en aquellos de fe musulmana,
donde las han obligado no sólo al velo sino a la prisión.

Su popularidad cubre todos los espectros
sociales, políticos y económicos. Polígamas y bisexuales,
juegan con todos y nunca rechazan invitación alguna.

Sin embargo algunas poblaciones,
como se puede comprobar en la sala de mapas del Museo Británico,
han logrado acostumbrarse a su presencia de modo tal que,
por un lado, las han hecho diosas, por otro,
llegan a tomarlas por sentado,
y la vida diaria no sería diaria ni vida sin su notable presencia.

Escribanos, poetastros y secretarios de todas las sectas,
magisterios y secciones sindicales las adoran:
de hecho, de no ser por ellas nada remotamente literario existiría.

Tal es su culto que todas las demás actividades humanas
(el trabajo, el sexo, cosas así) están organizadas alrededor de ellas.

Ebriedad es tan voluble como Cruda,
que a veces es más dulce o más amarga,
dependiendo de a qué hora se hayan acostado.

Todo intercambio humano es posible gracias a Ebriedad,
quien es generosa y regala goce y autoestima a casi todo el mundo,
incluso a los más amargados, deprimidos e inseguros.

Los bien-leídos saben que Ebriedad es bipolar
y por lo tanto puede parecerse a la Armonía,
Felicidad, Paz o Inspiración, pero fácilmente
puede convertirse en Miseria, Violencia o Sinrazón.

Innegable es su atractivo, pero como con todas las bellezas
su peligro es, aunque seductor, eminentemente mortal.

Géminis, son símbolo de dualidad y del destino:
bitácoras de frailes franciscanos precisan cómo son
ejemplos de las leyes de la física y la mecánica,
de la causa y del efecto, del pecado y del infierno,
la culpa y el castigo.

Filósofos protestantes, sin embargo,
conminan a los súbditos a terminar temprano
sus encuentros con Ebriedad, para así tener tiempo
de despedir a su hermana al otro día,
ya que una es insomne,
la otra narcoléptica.

De las dos Cruda es la más evitada,
la hermana incómoda,
la amiga gorda
-aunque algunos poetas digan
que algo tiene de hermosura-,
el pelo en la sopa de la ilusión,
la pausa móvil en el horrendo discurrir de un día en otro.

Los sabios pronto aprenden que no hay cirugía
ni brujería para mantenerlas apartadas.
Para olvidarlas, en todo el mundo hay
sociedades secretas que no toleran siquiera
el rastro de su olor. Ellas son,
cual furias griegas, poseedoras de verdades
y mentiras, mentiras y verdades,
dueñas del cofre de todas las historias
soñadas por los hombres.

Alquimistas italianos
y novelistas norteamericanos
detallan cómo estas gemelas no idénticas representan
el equilibrio universal, porque sin ellas

ya no habrían fantasías,
accidentes, superhéroes, matrimonios,
millonarios, miserables, olvidos,
amantes, estómagos descompuestos,
corazones rotos ni dolores cerebrales.