Toda observación sociológica es una experiencia mediatizada.

Todo aforismo es la imposición de la idiotez en el mundo. Así éstos.

Éstos no son aforismos. Ésto tampoco es un poema.

Ni que lo fuera.

Deja de pensar:

La teoría como experiencia está limitada por la infinita distancia de la inacción.

La antropología como ciencia está arruinada.

Le arruina su separación del campo observado.

Le arruina definirse por su observación rather than su interacción.

Se metió sin querer.

La frase extraña.

La antropología no es poesía. Tampoco es aformismo.

El trabajo de campo es la expresión de una distancia.

Una distancia insoluble entre observante y observado.

No hay poesía.

La antropología filosófica es, valga la expresión, un barbarismo.

La antropología es filosófica o no será.

La filosofía es antropología.

La filosofía y la antropología son tecnologías.

Queda claro que esto no se trata de un poema.

Que sí, claro, que aquí no hay poesía.

Por eso los imbéciles tienen éxito.

Los imbéciles actúan; no establecen distancia entre el pensamiento y la acción.

El poeta es estúpido porque se apendeja ante la belleza o fealdad o tristeza del mundo; por eso se pierde.

El imbécil triunfa porque no deja al mundo entrar, y así interactúa, y logra.

El poeta -como el antropólogo- se queda mirando, y sólo participa, a su manera, hasta que escribe.

Pero su escritura pertenece a otro plano.

Y mientras, la vida ya pasó de largo.