Induced hypothermia allows for temporary death, followed by resurrection. The procedure could suspend your cellular function without ending it.

-Mikel Jollet, “The Big Chill”, Men’s Health, June 2007

 

Esta mañana amanezco
con un velo sobre el ojo.
El otro sigue aún dormido,
se mueve en sonámbulo aríem
mientras el cuerpo intenta levantarse.

Esta mañana la rodilla
-la de la pierna izquierda-
protesta por el esfuerzo
que nunca hizo por dejarlo
todo a la derecha. El sol

es más débil hoy y las cortinas
-que son persianas- semejan
el parpadeo con que intento
enfocar mi caminar a la ventana.

(Hay unas rosas en la taza azul
que antes servía café y día a día
desde hace poco me río de su muerte.

Una de ellas sigue más viva que las otras,
se habrá tomado todo sin dejarles nada.)

El paso de los días nos erosiona:
el movimiento nos hace polvo, morona, sal.
Como cuando te da la madrugada y
no has dormido, el mar un olor cercano
abajo de tus ojos. La espuma es lo que ciega.

Esta mañana amanezco pero el sueño
todavía se pasea por mi cuerpo,
como agua salina por la vena femoral
(la sangre sin oxígeno, que se detiene
atelerida ante uno de los atrios).

Esta mañana amanezco y el escalofrío
es el reflejo natural a este enfriamiento.
Una muerte temporal por hipotermia:
al despertar esta mañana fui un resucitado.